“Reflexiones sobre maternidad, crianza, identidad migrante y seguridad personal, pensadas para acompañarte en tu propio proceso de transformación como mujer y como mamá en Houston.”
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Cuando me enteré que estaba esperando a mi segundo hijo, con el primero todavía tan pequeño, sentí de todo al mismo tiempo: alegría, miedo, y una pregunta que no me soltaba: “¿voy a poder con esto?” Nadie me había preparado para lo que significa criar a dos bebés casi al mismo tiempo — y creo que por eso quiero contarte lo que viví, por si estás en ese mismo punto o simplemente te interesa mi historia como mamá.
La idea que tenía vs. la realidad
Antes de vivirlo, pensaba que tener a mis hijos tan seguidos sería, de alguna forma, “más fácil” — que se acompañarían, que sería un solo período intenso y ya. La realidad fue distinta: fue un período de entrega total, sin pausas, donde literalmente no había tiempo entre una etapa y la siguiente. No terminaba de acomodarme a un cambio cuando ya venía el siguiente.
Y aquí está lo primero que nadie me contó: está bien no tener todo resuelto. Está bien improvisar, pedir ayuda, y aceptar que no vas a hacerlo “perfecto.” La perfección, en esta etapa, no existe — existe hacerlo con amor, aunque sea desordenado.
Lo que sí me ayudó
Con el tiempo, entendí que lo que más me sostuvo fue algo que ya llevaba dentro de mí: mi necesidad de estructura y rutina. No una rutina rígida ni perfeccionista, sino un ancla — horarios más o menos predecibles para las comidas, el sueño, los momentos de conexión. Cuando todo alrededor se sentía caótico, la rutina fue lo que me daba un piso firme donde pararme.
También aprendí — y esto lo digo con toda honestidad — que necesitaba pedir ayuda sin sentir culpa. Como mujer migrante, sin la red familiar cercana que muchas veces se tiene en el país de origen, aprendí a construir mi propia comunidad de apoyo aquí en Estados Unidos. Fue, sin duda, una de las lecciones más grandes de esta etapa.
La transformación que no esperaba
La maternidad, en general, transforma. Pero vivir dos procesos de maternidad casi simultáneos me transformó de una forma particular: me obligó a soltar el control, a bajar el nivel de exigencia conmigo misma, y a reconectar con lo esencial. Hoy puedo decir que esa etapa tan intensa terminó enseñándome más sobre mí misma que cualquier otra cosa que había vivido antes.
Si estás viviendo algo similar
Si estás criando a tus hijos con poca diferencia de edad, o simplemente sientes que la maternidad te está pidiendo más de lo que creías tener, quiero decirte esto: no estás sola, y no tienes que tener todas las respuestas ahora mismo. Ese “no saber cómo” también es parte válida del proceso.
Si sientes que sería útil tener un espacio dedicado solo a ti, para procesar esta etapa con más claridad y menos culpa, te invito a agendar una llamada de descubrimiento conmigo. Conversemos sobre lo que estás viviendo, sin ningún compromiso.
Esta es, sin duda, una de las preguntas que más me hacen cuando alguien está considerando empezar un proceso conmigo: “Lizeth, ¿esto es como terapia?” Y la respuesta corta es no — pero vale la pena entender por qué, porque elegir el acompañamiento correcto puede marcar toda la diferencia en tu proceso.
La confusión es totalmente válida
Vivimos en una época donde, por suerte, hablar de salud mental y bienestar emocional ya no es un tabú. Eso es hermoso. Pero también ha hecho que términos como “terapia,” “coaching” y “mentoría” se mezclen en la conversación cotidiana, como si fueran sinónimos. No lo son, y no pasa nada si hasta hoy no tenías clara la diferencia — para eso estoy aquí.
La diferencia principal: hacia dónde mira cada proceso
La terapia mira, sobre todo, hacia el pasado. Es un espacio profesional guiado por psicólogos o terapeutas licenciados, enfocado en sanar heridas, procesar traumas y mejorar tu funcionamiento emocional para poder vivir el presente de una forma más sana. Es un trabajo profundo y necesario, y no reemplazable por ningún otro tipo de acompañamiento.
El coaching, en cambio, mira hacia el presente y el futuro. Como coach certificada por la ICF, mi trabajo no es diagnosticar ni sanar heridas del pasado — es partir de la base de que tú ya tienes las respuestas y las herramientas dentro de ti. A través de preguntas, escucha activa y un espacio de total confianza, te acompaño a ver con más claridad lo que quieres, a descubrir qué te está deteniendo, y a construir un plan de acción concreto para avanzar.
Entonces, ¿cómo sé cuál necesito?
Aquí van algunas señales que te pueden ayudar a identificarlo:
Probablemente necesites terapia si:
Probablemente el coaching sea para ti si:
Una cosa importante: no son excluyentes
Muchas de las personas que acompaño han hecho o están haciendo terapia y coaching al mismo tiempo, y funciona perfectamente bien — son procesos que se complementan. La terapia trabaja la raíz emocional; el coaching trabaja la acción hacia adelante. No tienes que elegir uno para siempre; puedes necesitar uno, el otro, o ambos en distintos momentos de tu vida.
¿Todavía no estás seguro?
Si después de leer esto sigues con dudas sobre qué necesitas en este momento de tu vida, no hay ningún problema — para eso existe la llamada de descubrimiento. Es un espacio breve, sin costo, donde conversamos sobre tu situación puntual y, juntos, vemos si el coaching es el camino adecuado para ti ahora mismo.
Sí. Este proceso está pensado justo para mamás que atraviesan etapas intensas de crianza simultánea, ayudándote a soltar la exigencia de “hacerlo perfecto” y a encontrar tu propia estructura.
No. Muchas mamás llegan simplemente sintiéndose abrumadas o sin saber por dónde empezar — no hace falta una crisis para pedir acompañamiento.
Sí, es uno de los enfoques centrales que trabajo: cómo construir red de apoyo y sostener la maternidad sin la cercanía familiar que se tiene en el país de origen.
Sí, ofrezco sesiones en español (y en inglés si lo prefieres).
Desde el botón “Agenda tu llamada de descubrimiento” en la página — es breve, gratuita y sin compromiso.